Burma es uno de los países étnicamente más diversos del mundo sumido en un conflicto armado enquistado durante más de 50 años que ha causado miles de muerto, millones de desplazados y ha bloqueado el desarrollo económico y social del país.
Sin embargo, ya llevamos un mes lleno de acontecimientos esperanzadores en Burma (Myanmar). Lo que empezó a mediados de agosto como una protesta más (por doblarse los precios del crudo) se está convirtiendo en una revolución tras sumarse los monjes budistas, fuerza política importante de la sociedad burmesa que parece ha conseguido unir a burmeses y las principales minorías étnicas (debemos recordar que algunas no son budistas) contra el régimen de Than Shwe y su tatmadawn (ejército).
Incluso Aung San Suu Kyi parece haber resurgido de las cenizas tras recibir la visita de los monjes y más de 200.000 personas parece que se han sumado a las protestas.
Irawaddy, probablemente la mejor fuente de información sobre los acontecimientos en el país (con excelentes artículos y noticias actualizadas cada hora), la ha llamado la REVOLUCIÓN AMARILLA (el color del budismo).
Ante las protestas, la junta militar ha permanecido quieta, sin saber como reaccionar ante una posición de debilidad interna: sus líderes envejecidos, la crisis económica, la nueva capital alejada de la realidad de las calles, el fracaso de la Convención Nacional (bloqueada por la oposición), etc. pero todo el mundo es consciente de que estas manifestaciones pueden acabar mal, muy mal, como acabaron las de 1988, y de momento no se esperan fracturas en el Tatmadawn. Sin embargo, las movilizaciones actuales tienen características diferentes, especialmente el peso de participación y liderazgo de los monjes budistas y sin una cabeza visible y pueden ser el inicio de un incierto proceso de reconciliación nacional. Personalmente no soy muy optimista, todavía no, pq sabemos que ha pasado en otras ocasiones, sin embargo existe otra diferencia importante y que es esperanzadora: la postura China que es el principal aliado económico y diplomático de la Junta militar del país.
Fuentes de Associated Press así como analistas como Sylverstein o el propio embajador Australiano están de acuerdo en que China, junto a India, puede tener un papel clave en presionar la junta militar. Como podemos leer en The Age:
“I think the voices that the Burmese military leadership hear the loudest are the voices of China and India much more than the voices of ASEAN, and they certainly don’t focus very much on the voices of Western countries,” Australian Foreign Minister Alexander Downer said.
Parece que a China le están “creciendo los Darfur”, esto es, pese al proclamado principio de no intervención en la política doméstica de otros países (que China ha reiterado en esta ocasión) el apoyo que presta el gobierno chino a gobiernos autocráticos, corruptos y que vulneran masivamente los derechos humanos tiene dos caras. Relacionándose y comerciando con países que sufren boicots o cierto aislamiento por parte de Estados Unidos como Corea del Norte, Sudan, Etiopía, Irán, Burma o incluso Venezuela o Cuba, China consigue contratos suculentos a nivel comercial y de suministro energético y le da una gran capacidad de influencia sobre estos gobiernos (a los que dice no interferir). Sin embargo, esta mayor influencia provoca que la comunidad internacional puede acabar haciendo China responsable de lo ocurrido, como es el caso de Darfur (ver posts anteriores), o com en el caso de Corea del Norte. Y China no puede permitirse esto, y menos todavía cuando queda un año para los juegos olímpicos de Beijing, en que el país quiere mostrar una imagen de orden, responsabilidad y madurez a la comunidad internacional. Pese a las declaraciones me parece muy claro que China no puede no intervenir, pq en Burma esta metida hasta el cuello. Desde las explotaciones de gas y petróleo, la construcción de oleoductos, la venta de armas, etc… (ver analisis en profunidad). Actualmente 3 millones de chinos viven en Burma, donde tienen numerosos negocios especialmente comerciales y de exportación. Tanta es su influencia que algunos analistas han considerado a Burma como una nueva provincia de China y opositores a la junta militar consideran que ésta ha vendido el país a China para conseguir mantenterse en el poder.

Muestras del apoyo diplomático ha sido el claro compromiso de China en vetar cualquier resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Burma, incluso presionando a países como Sur África y Rusia para que votaran en contra de la resolución y mostrando por lo tanto sus capacidades de influencia sobre terceros.
Pero no todo es negativo. El año pasado vimos como China decidia bloquear la exportación ilegal de madera de teca de los bosques burmese fruto de la presión y campañas internacionales. Jeremy Woodroom en Asian Tribune resume estas presiones en la situación actual:
Thankfully, opposition to China’s unilateralism on Burma seems to be growing. A group of members of parliament from ASEAN has called on China to modify its unequivocal support for the military regime. The move comes after China undermined three diplomatic missions to Burma to secure the release of Suu Kyi by leading Southeast Asian senior statesman Indonesian Ali Alatas, Malaysian Foreign Minister Syed Hamid, and Filippino Foreign Minister Alberto Romulo.
The move by those in Southeast Asia may represent the first time in recent history that China’s own Asian neighbors are balking at its perceived heavy-handedness in regional diplomacy. In particular, Southeast Asian lawmakers are unhappy that China refuses to endorse Ban Ki-moon and ASEAN’s call for the release of Aung San Suu Kyi. The grumbling has now extended to the media and the UN, where a series of op-eds over the past two weeks have decried China’s unilateralism. (…)
As a first step, activists organized demonstrations in front of Chinese embassies in 10 countries on September 18th, the same day that monks took to the streets inside Burma.
Además, China debe tener en cuenta que pese a su supuesta no interferencia los ciudadanos burmeses pueden no tener esta impresión y que el establecimiento de un nuevo régimen podría pasar factura al apoyo financiero que actualmente presta a la junta militar, e incluso a los negocios de la diáspora china en el país; como hemos visto en Indonesia o más recientemente en Zambia. Como escribe Tangpua Siamchinthang en WorldPress:
Burma is affected by what Mr. Lampton described as the massive, often unintended spillover effects of Chinese power and its appetite for economic growth. And although Beijing’s domestic and foreign policies are not malevolent by design, they often have harmful effects. For those countries on the receiving end, intentions may not matter. He concluded that the rise of Chinese political power generates global responses that Beijing cannot fully control and that may not be in its interest.
Pero también debemos tener en cuenta la otra gran potencia de la región, India (ver India-Burma para mas información). Sin embargo, lo que es Myanmar para China es Bangladesh para India en la región, esto es, India está muy lejos de tener la capacidad y vinculación de China en Myanmar pero el potencial existe y ambas potencias compiten para ello, como hemos visto en el caso de los yacimientos de hidrocarburos. En PINR:
With the aim of securing its energy provisions and balancing Chinese influence in Myanmar, India has made significant progress in tapping into the country’s energy resources. Among the most important projects are the “Sagar Samriddhi” (a deep-sea project to explore for oil and gas reserves in the Bay of Bengal) and the Shwe Gas Pipeline project in western Myanmar.
Pero ahora, el 10 de septiembre, la junta se lo ha repensado:

The government of Myanmar withdrew India’s (under the Gas Authority of India Limited or GAIL) status of “preferential buyer” on the A1 and A3 blocks of its offshore natural gas fields and instead declared their intent to sell the gas to PetroChina. (…)
Even after the deal was sweetened with US$20 million in “soft credit” and the proposed construction of a power plant in Myanmar, it would appear that Indian influence was quietly denied by the inevitability of China’s international support for Myanmar. Beijing’s use of its veto to keep Myanmar’s human rights record off of the U.N. Security Council agenda turned out to be more important to the Myanmar junta than the economic incentives.
Y como podemos leer en Reuters, no solo China, sino también la India puede tener facturas a pagar por su política en Burma:
Dozens of Myanmar pro-democracy activists protested on Monday against an Indian minister’s visit to Yangon, urging New Delhi not to put energy and economic ties ahead of democracy and human rights.
The demonstration in the Indian capital came a day after Petroleum Minister Murli Deora began a visit to the country’s eastern neighbor to boost energy cooperation.
The protesters, who included school children, shouted slogans and held placards which read “Hey, Murli Deora, Don’t Go For Gas, Go For Democracy”, “India Stop Supporting Burmese Military Rule”.
Deora is due to hold talks with Myanmar officials to step up energy links and witness the signing of contracts between Indian and Myanmar oil firms for three deep-water exploration blocks.
“It is a shame for the world’s largest democracy to send its cabinet minister to Burma for reasons of exploiting more natural gas from the country at the time people and monks are protesting against the fuel shortages and economic hardships in Burma,” the protesters said in a statement.
Finalmente también podemos destacar el escaso compromiso del ASEAN en intervenir en la región, ya tradicional. Sin embargo, algunos países de la organización se han mostrado abiertamente críticos con el apoyo chino al gobierno militar de Burma.
Otro interesante post: Foreign Policy blog about China’s leaverage on Burma:
But aren’t we forgetting that the West spent much of the second half of the 20th Century trying to get China out of the business of regime change in Asia? Is it wise to reverse course now? (…)
Washington basically has the same attitude toward Burma that China does. It doesn’t like what’s happening there, but isn’t willing or able to do much about it.