Monthly Archives: April 2006

Australia-Argentina

Para vuestra información, de todas formas no sé como se hace lo de pincha aquí y que sea el link….así va….
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/04/23/z-03616.htm
ENTREVISTA A PABLO GERCHUNOFF, ECONOMISTA
“Australia sigue siendo un buen ejemplo para la Argentina”
La comparación entre ambos países fue un clásico para entender por qué el nuestro cayó y aquél ascendió en la cuesta del desarrollo. Hoy, los destinos podrían volver a ser convergentes.
Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com
La comparación con Australia fue muchas veces planteada para rastrear las causas de nuestra decadencia. ¿Qué vigencia tiene hoy?—La comparación era pertinente hace cien años porque la Argentina era un país parecido a Australia. Un país del hemisferio sur, con clima templado, algunos la imaginaban como un gran alfalfar en el que se iba a desarrollar la ganadería más competitiva del mundo; un país de espacios vacíos, con poca mano de obra, y por lo tanto, que estaba destinado a tener salarios reales altos. Era, entonces, bastante lógico que se encontrara en aquel otro país del mismo hemisferio pero en las antípodas un espejo en el que podíamos vernos. Y la dinámica económica daba una respuesta positiva, porque la Argentina alentaba el optimismo sobre lo que se llamaba “la Australia del Atlántico”, venía expandiéndose y progresando, incorporando flujos migratorios. Algunos, incluso, tuvieron buenas razones para pensarla como “los Estados Unidos del Sur”.
¿Por qué no tuvimos la fortuna que tuvo Australia?—A partir de 1930, algo empieza a crujir; lo sabemos, en el mundo y en la Argentina. Y también en esa dinámica virtuosa que hacía fácil la comparación. Australia tuvo, desde 1930 en adelante, una suerte geográfica y política que la Argentina no tuvo. Ya desde la Primera Guerra Mundial, pero más aún en el período de entreguerras, fue auxiliado por una potencia, decadente pero todavía una potencia, Inglaterra. Y cuando la Segunda Guerra, curiosamente, se acercaba al comercio también con un país muy dinámico, que luego iba a jugar un rol muy importante: Japón. Desde la guerra en adelante, Australia se convierte en un favorito de los Estados Unidos, que nunca iba a permitir allí una crisis financiera de envergadura.
¿Y nuestro país recorre en esas etapas un camino opuesto? —Nuestra historia de la posguerra, sobre todo desde 1975 en adelante, es una de sucesiones de crisis financieras. De tal manera que la geografía política de la segunda posguerra encuentra a Australia en la región más dinámica del capitalismo mundial —primero por Japón, después por el Sudeste Asiático, y finalmente por China y la India—, brindándoles materias primas.
¿Qué pasa en la Argentina, mientras tanto? —No ocupa un lugar relevante en la geografía política, no tiene vecinos que sean lo más dinámico del capitalismo mundial y no tiene grandes descubrimientos de nuevas materias primas.
¿Pero qué incidencia tuvieron las políticas y orientaciones tomadas en uno y otro caso?—Un rasgo destacado es que Australia resuelve su conflicto distributivo muy temprano. Aun antes de nacer como Estado federado, en 1901, ya tiene un Partido Laborista fuerte, que no es solamente una maquinaria sindical de raíz minera sino también, probablemente, la primera maquinaria política de raíz socialdemócrata en el mundo de cultura occidental, sólo que enclavada en el Asia-Pacífico. Esto le permite incorporar la cuestión social muy temprano, en un contexto de régimen parlamentario y con partidos constituidos. El igualitarismo fue, en Australia, un consenso nacional.
¿Y esto ocurre más tardíamente en el caso argentino?—Desde el nacimiento de Australia, proteccionismo e igualitarismo están muy presentes. En Argentina, es un fenómeno que llega abruptamente, recién con el primer peronismo, que genera las instituciones que la miopía de las clases dirigentes no supieron generar antes. Argentina hace, en tres años lo mismo que Australia hizo en cincuenta o setenta años. Incorpora muy aluvionalmente las instituciones de la distribución y la distribución misma; las incorpora sin que necesariamente formen parte de una rutina político-institucional. Eso va a generar un conflicto, porque la reacción y el conflicto distributivo argentino, desde 1945 en adelante, es permanente.
¿En dónde se encontraría la raíz del problema distributivo? —Durante muchas décadas; pongamos entre 1920 y 1970, la Argentina es un país que exporta el alimento de sus clases populares y da empleo a sus clases populares en actividades que no exporta, que son básicamente las que se generan con la sustitución de importaciones. Allí hay un conflicto distributivo que pone en tela de juicio el crecimiento. Chile exporta cobre, y el cobre no se come; Venezuela o México exportan petróleo, y el petróleo no se come; el viejo Brasil exportaba café, y el café no formaba parte de la dieta de consumo popular; y aun Australia, al tener la minería como exportación, atemperaba ese conflicto. En la Argentina, abrir la economía al comercio mundial, y por lo tanto, aumentar el precio de lo que exporta, significaba restarles el pan de la mesa o la carne de la mesa a las clases populares. Ese es un conflicto que la Argentina ha empezado a resolver ahora.
¿De qué manera lo empezó a resolver?—Por un lado, la siderurgia, la petroquímica, el aluminio hoy son industrias que exportan. Además, la soja que exportamos es un alimento para los cerdos y pollos que van a comer los trabajadores chinos, pero no es un alimento para los trabajadores argentinos. Esto significa que la superposición de las canastas de consumo popular y de exportaciones, de la cual la Argentina es el ejemplo más nítido del mundo, empieza a atemperarse. Es un conflicto entre crecimiento y distribución, pero no como lo frasean los liberales. Si miramos cuánto hay de exportaciones en la canasta de consumo popular y cuánto bien de consumo en la de exportaciones, es cada vez menos. Por otro lado, está la tragedia social, desde el 75 en adelante, que también atempera el conflicto distributivo, pero por una derrota popular. Este es un país que ya pagó muchos costos. Tenemos un tipo de cambio real alto; eso significa haber bajado los salarios reales en algún momento. Tenemos la economía abierta y un mercado mundial, con una demanda proveniente de Asia que ya no beneficia sólo a Australia, también a la Argentina.
¿En qué puede ser útil hoy la pregunta por Australia, como conclusión, para que esas condiciones favorables prosperen?—Australia sigue siendo un buen ejemplo para la Argentina, en este caso para preguntarnos si no vuelve a existir un proceso de convergencia con los países desarrollados. Si no será que la Argentina de hoy ha superado el límite que le impuso durante tantas décadas el sector externo y la anemia exportadora. Si no será que en medio de esa crisis que nació en 1975 y que duró tres décadas, empezó a generar una inserción en el mercado mundial que ahora se hace nítida y que le permite que esas exportaciones crezcan y que el país recupere un lugar en el mundo perdido en 1930. Y si no será —y voy al otro costado del asunto— que el conflicto distributivo ya no es el que era, que “la larga agonía de la Argentina peronista” ha llegado a su fin. Si esto fuera así, entonces, las dos patas del conflicto hay que mirarlas de otro modo.
¿Mirarlas de qué modo?—La Argentina es un país en el que las exportaciones crecen y por lo tanto los dólares no escasean y en donde el conflicto distributivo ya no puede ser visto con los ojos con que miramos siempre la resistencia popular a la caída de los ingresos. La hipótesis sobre el cambio de rumbo es ésa: mientras seguimos lamiéndonos las heridas de estos años, y en muchos casos con justicia, se han operado transformaciones de fondo en nuestra economía. Y si el activo principal que tuvo la Argentina a lo largo de su historia, que es la tierra, se revaloriza por efectos inesperados que vienen del mundo, entonces, los modelos de marchas y contramarchas quizás ya no tengan vigencia.
¿De qué depende que estas buenas condiciones prosperen? —En la Argentina, quizás por los últimos treinta años que vivimos, el escepticismo se ha convertido en la haraganería de los intelectuales. Cabe poner, creo yo, una ficha en el optimismo, a condición de que ese progreso material sea un progreso inclusivo. Si no, la comparación carece de sentido. En la Argentina, el 15% de la población vive con dos dólares o menos diarios; en Australia no hay una sola persona que pueda vivir con dos dólares al día. Aun creciendo, un país que excluye al 30% de su población no puede aspirar a nada sólido.Copyright Clarín, 2006.

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The end of Siesta

A YaleGlobal podeu trobar aquest curiós article sobre la siesta espanyola. El què més sorpren és que aquest tema no ha estat de gran rellevància per aquí (que jo sàpiga) i trobo que és una manera de magnificar molt un procés que ja portava molts anys canviant… vaja, que és un mite!!! I em pregunto quantes vegades ens colen gols com aquests en temes que no coneixem tant… llegiu, llegiu de què va l’article…

Globalization and intense competition across borders has made it more challenging for countries to maintain some cultural traditions. In January 2006, the Spanish government enacted regulations requiring that all federal agencies enforce a strict 45-minute lunch break – allowing workers to head home at 6 pm rather than 8 pm. By abolishing the siesta, a 3-hour lunch break once traditional in Spain, the government hopes to coordinate business schedules with the EU. Advocates hope that the new schedule will reduce a high workplace accident rate and increase productivity. It will also upend peak hours for Spanish restaurants, schools, broadcasters and an array of businesses. The government may offer incentives to entice private firms to follow. Meanwhile, unions support the new schedule reform, because it offers workers flexibility, while encouraging a balance between professional and personal life. – YaleGlobal

Jo ja estic veient una manifestació a Sevilla (per seguir amb els tòpics) del moviment anti-globalització per a salvar la siesta… o potser, encara millor… el nou estatut andalús podria incloure el “derecho a la siesta”.

Why US$80 a Barrel Crude Does Not Mean Doom for Asia

One of the surprising aspects of Asia’s growth in the past three years has been the resilience of the region’s economies to the high price of oil. In 2002, Brent crude oil prices averaged US$25 a barrel. Prices began to climb in 2003, and have more or less gone up ever since, with Brent crude futures for November delivery settling at about US$75 a barrel this week. At these levels, the cost of oil is reaching inflation-adjusted price levels experienced only during the oil shock in the early 1980s. And yet, the impact of this three-fold increase in the price of a barrel of crude on Asian economies has not been as dire as many forecasters had expected.

The table shows how wrong forecasters were back in August 2004. They were well off the mark on two accounts. First, the consensus forecast of economists from leading financial institutions was for the price of oil to fall to US$33.70 (West Texas Intermediate, for end August 2005 forecast). In fact the price of oil in August 2005 was US$65.57 a barrel — almost double the consensus average. More importantly, even based on their optimistic view of oil prices, most forecasters predicted a general slowdown in Asian economies’ growth rates. In fact, seven of the 12 Asian economies included in the table grew by more than forecast growth rates, despite the unforseen 100% increase in the price of oil.

As Asia Pacific Bulletin pointed out in August 2004, several factors allowed for continued Asian economic expansion despite high oil prices in 2005:

Most Asian governments provide substantial subsidies to cushion the impact of high crude prices on the retail price of gasoline and diesel fuel. Also, key Asian economies like Japan, South Korea, Taiwan and Hong Kong still have considerable excess capacity and have experienced declining or generally stagnant prices for some years. These economies will need to reach their potential levels of output before higher oil prices begin translating into worrying inflation levels. Moreover, Asian economies (especially Japan, Hong Kong, Taiwan, South Korea, Australia and Singapore) are simply more energy efficient today than they were in 1981. Finally, most Asian currencies have experienced a long-term appreciation against the dollar, so the domestic import price of a barrel of crude is only now reaching 1981 levels.

Now that crude is approaching the psychologically important US$80 a barrel mark, the key issue is the impact on Asian economies of high oil prices going forward. Perhaps not surprisingly, forecasters have changed their tune (and we hope their forecasting models as well). The doom and gloom scenarios predicted when crude hit US$45 a barrel in 2005 have given way to a view that, unlike the 1980s, Asian consumers are now important drivers of economic growth in the region. The consensus mean forecast for the 12 Asia-Pacific economies in the table is for a growth rate of 5% this year, only
slightly lower than the actual 5.2% registered by these economies in 2005.

Most forecasters are betting that government subsidies for fuel are not going to be removed anytime soon. This is a reasonable assumption. An example of what can happen to inflation should governments begin to reduce subsidies and deregulate prices was provided by Indonesia in 2005. A reduction in subsidies by Jakarta in October 2005 resulted in fuel prices surging by 126% and Indonesia recording the highest inflation figures in the region at 10.5%. Neighbours like Malaysia and the Philippines were watching.

Most forecasters are also assuming that the recent boom in consumer spending across Asia was not hurt by US$70 crude and US$80 crude should not eat too much into discretionary spending and consumer purchasing power. This seems to be a reasonable assumption as well. However, any forecast like this should end with the cautionary note: he who sees through a crystal ball must learn to eat crushed glass.

ISSN: 1712-0195

While every effort has been taken to verify the accuracy of this information, the Asia Pacific Foundation of Canada (www.asiapacificbusiness.ca) cannot accept any responsibility or liability for reliance by any person or organization on the use of this information. This Bulletin may be copied whole or in part and/or re-distributed with acknowledgement to the Asia Pacific Foundation, Canada’s leading independent resource on Asia and Canada-Asia issues. The Asia Pacific Foundation of Canada is funded by the Government of Canada and the Government of British Columbia.
Asia Pacific Bulletin #256 © 2006 Asia Pacific Foundation of Canada.

Hi i Bush

Sobre la visita de Hu a Bushington se n’està escribint força; que si li van servir un luch i no un dinner, que si l’himne que si el Hu i el Bill,…però el que realment resulta interessant és que la relació Xina-EUA, com diu el següent article, s’està transformant en un assumpte de trascendència regional i global,…i sinó feu un seguiment de les notícies pel satèl·lit (o per internet) aquests dies ,…

La cumbre: Bush y Hu Jintao no piensan igualPor (La Insignia, 24/04/2006)


Hu, secretario general del PCCh, se ha sentido cómodo en su contacto con el mundo empresarial estadounidense (Microsoft y Boeing). A Bill Gates (a la derecha en la foto) parece haberle dado garantías de que China no pondrá en marcha ningún sistema alternativo a Windows. Esa certeza ha recibido los naturales elogios del magnate de Microsoft, preocupado ante la hipótesis de la aparición de un nuevo competidor. La simpatía del mundo empresarial estadounidense es clave para desactivar la beligerancia del Congreso y del Senado, disgustados por el volumen del déficit comercial bilateral y la insuficiente consideración china respecto de los intereses estadounidenses en otros órdenes económicos o comerciales.
Pequeños, pero significativos progresos en el sector privado, ningún avance sustancial en el diálogo con la Administración Bush, podrían resumir los magros resultados de la primera visita oficial del presidente Hu Jintao a EEUU. ¿Cabría esperar más? No mucho, a pesar del número de ocasiones que los dos dirigentes han tenido ocasión de encontrarse, la claridad de la agenda que problematiza su entendimiento y la diversidad de preparativos que han rodeado la escenificación de este encuentro, planteada por China como una visita de Estado, y por EEUU como una visita de trabajo.
En cualquier caso, la principal lectura que cabe concluir de la jornada de cuatro días de visita de Hu Jintao a EEUU es la confirmación visible de la creciente importancia de China en los asuntos mundiales, no sólo en el orden económico, sino también en el ámbito político. La relación China-USA ha dejado de ser un asunto bilateral, para transformarse en un diálogo de implicaciones regionales y mundiales, aunque Hu ha insistido en que China no tiene la intención de contestar el liderazgo estadounidense.
Hu, secretario general del PCCh, se ha sentido cómodo en su contacto con el mundo empresarial estadounidense (Microsoft y Boeing). A Bill Gates parece haberle dado garantías de que China no pondrá en marcha ningún sistema alternativo a Windows. Esa certeza ha recibido los naturales elogios del magnate de Microsoft, preocupado ante la hipótesis de la aparición de un nuevo competidor. La simpatía del mundo empresarial estadounidense es clave para desactivar la beligerancia del Congreso y del Senado, disgustados por el volumen del déficit comercial bilateral y la insuficiente consideración china respecto de los intereses estadounidenses en otros órdenes económicos o comerciales.
Tampoco se ha encontrado a disgusto con el mundo académico. Su insistencia en el desarrollo pacífico y en el multilateralismo, probablemente, han convencido a pocos, acostumbrados siempre, para curarse en salud, a poner sobre la mesa los riesgos, y muy conscientes de la guerra subterránea que, a nivel estratégico, desarrollan ambos países, y que constituye hoy día la rivalidad central del sistema internacional. Los nuevos conceptos políticos que impulsan el discurso de Hu Jintao (dejando atrás la doctrina de la emergencia pacífica y la multipolaridad de su antecesor Jiang Zemin) han estado omnipresentes en toda la gira.
Pero el diálogo con Bush ha sido un diálogo de sordos. Se han escuchado mutua y atentamente, pero su encuentro ha sido muy breve e insuficiente para avanzar en la aproximación de posiciones en alguno de los contenciosos que les distancian. Además, la torpeza “protocolaria” al anunciar el himno de la República Popular China como de República de China, como se conoce también a Taiwán, o la irrupción de una seguidora de Falungong mientras Hu se dirigía a los asistentes, han eclipsado totalmente la bienvenida al presidente chino y la ligera mejora de imagen que el régimen se había granjeado cuando, ante las reiteradas presiones para el reconocimiento de una mayor libertad religiosa, el gobierno chino, ateo, promovió la celebración de un Foro Mundial Budista, en vísperas del encuentro con Bush. En las palabras del titular de la Casa Blanca referidas a Taiwán, el tono habitual, con la coletilla del rechazo a cualquier medida unilateral que modifique el actual status de la isla. Hu insistió en la reunificación, siendo categórico en el rechazo de la independencia.Las exigencias planteadas por EEUU tanto en relación al déficit comercial (que alcanzó la cifra récord de 202 mil millones de dólares en 2005); a la depreciación de la moneda china, o la protección de los derechos de la propiedad intelectual, no han encontrado eco en Hu, quien ha disentido abiertamente del planteamiento de la Casa Blanca. Bush, corriendo un tupido velo sobre el caso UNOCAL, también ha reclamado a China la adopción de normas que permitan a las empresas estadounidenses competir en su país con la misma libertad que las compañías chinas compiten en EEUU.
Hu ha recordado a Bush que el 70% de las exportaciones chinas a EEUU consisten en productos transformados, lo que viene a suponer que China obtiene en ese proceso un pequeño porcentaje de los costos de transformación. Aplicando la regla de origen de las mercancías, los beneficios se calculan como rentas obtenidas por China en sus exportaciones hacia EEUU pero, en realidad, esa no es la imagen completa y fidedigna del proceso, ya que son las multinacionales estadounidenses quienes obtienen la mayor ventaja. Hu ha recordado a Bush que muchas empresas estadounidenses hacen grandes y buenos negocios en China: la cadena de distribución Wal-Mart es el séptimo mercado exportador de China. Este año, China se confirmará como segundo socio de EEUU, detrás de Canadá y por delante de México.
Una mayor flexibilidad monetaria no será la varita mágica que solucione los desajustes existentes en el comercio bilateral, condicionado por las restricciones impuestas por EEUU a su comercio con China, donde impera la desconfianza, sobre todo en el sector de altas tecnologías, por motivos de seguridad y con el fin de retrasar lo que ya parece inevitable, que China se convierta también en un poder tecnológico mundial.
En relación a los derechos hmanos, Hu ha hecho gala de la retórica conocida. A poco han sabido las tímidas palabras en favor de una mayor flexibilidad y tampoco se ha apreciado el gesto de liberar a algunos prisioneros políticos en vísperas del encuentro, entre ellos a Zhao Yan, un asistente de la corresponsalía de New York Times en Beijing.
En los contenciosos exteriores, de Irán a Corea del Norte, las posiciones tampoco se han movido. Hu ha rechazado las sanciones y el hipotético recurso al capítulo VII de la carta de Naciones Unidas contra el régimen de Teherán, planteado por Bush. Como resultado de ese rechazo, Bush parece descartar ahora legitimar su política contra Irán a través de Naciones Unidas, a sabiendas de que no logrará doblegar la resistencia ruso-china.
Otro tanto de lo mismo ha ocurrido en materia de “cooperación” energética. Bush se ha quejado de que China hace acuerdos de suministro de petróleo con países con los que está enemistado (Sudán, Venezuela, Myanmar o el propio Irán). Pero Hu podría recriminar lo mismo a Bush. Las necesidades de petróleo de China han aumentado un 41% entre 2001 y 2005. Las importaciones procedentes de Irán han aumentado un 389% entre 2000 y 2004.
En lo político, Hu ha insistido en que China seguirá su propio camino. No imitará ningún modelo e apreciará en todos aquellos instrumentos y principios que se adecuen a la realidad china. Bush quiere que acepte “las reglas de juego”, y Hu ha dicho que el diálogo debe ser de igual a igual, aceptando, con normalidad, las diferencias que les separan.
Así pues, solo podía decirse que el tono del encuentro ha sido el de una singular puesta a punto de las divergencias. En Beijing se habla de un nuevo “consenso de Washington”. Pero en el Renmin Ribao (Diario del Pueblo) también se advierte: “En adelante, es posible que haya reveses en la política de EEUU hacia China y se debe apreciar con lucidez esta situación”. La cosa no parece tener fácil arreglo. De entrada, China insiste en seguir su propio camino y ese ejercicio será leído en Washington en clave de postular una rivalidad.

Illes Salomon

Com que se que aquí en som uns quants que ens encanta el tema dels microestats, us adjunto un article de la BBC sobre el que està passant a les Illes Salomon. I sabeu qui diuen que estava al darrera del prime Snyder Rini,…els xinesos!
En fi, interessant veure, a més, el paper protector -o colonialista?- de novazelandesos i australians que crec que exerceixen en totes aquestes illes del pacífic,…
Lluc

http://news.bbc.co.uk/2/hi/asia-pacific/4949360.stm

Solomon Islands curfew is lifted
A dusk-to-dawn curfew has been lifted in the capital of the Solomon Islands, after riots last week which forced the resignation of the prime minister.

Honiara was quiet overnight, as foreign troops and police remained on the streets to try to maintain calm.
MPs are due to elect a new prime minister next week, to replace Snyder Rini, who stepped aside on Wednesday.
However Australia’s foreign minister said instability would probably remain “entrenched” whoever was elected.
Australia flew in troops to quell the unrest last week, when islanders went on the rampage, looting and burning down parts of the Chinese district of the capital, Honiara.
The rioters accused Snyder Rini, who was elected in a secret ballot of the islands’ 50 MPs last week, of being in the pay of Chinese or Taiwanese businesses. He denies the accusations.
Corruption ‘endemic’
Australia also led a regional intervention force three years ago, that restored order and disarmed militants after years of ethnic violence.
“I think the instability is pretty entrenched in the Solomon Islands – this whole story goes back decades,” Australia’s Foreign Minister Alexander Downer told Macquarie Radio.
“Regardless of who they appoint as the prime minister, I don’t think you could say that they’re going to overcome the instability.”
However he rejected claims that Australia was unprepared for the outburst of rioting, insisting: “We didn’t know they were going to trash the joint, obviously if we had known that in advance we would have had some troops there in advance.”
Meanwhile the leading candidate to become the Solomons’ next prime minister vowed to clear up corruption – which Mr Downer said was “endemic”.
Manasseh Sogavare, the opposition candidate, said: “We will come [down] upon those corrupt people like a ton of bricks.”
Mr Sogavare claimed to have the support of at least 32 of the 50 lawmakers in parliament ahead of the secret ballot next week.
“I am very confident we will win this election,” he said.

Àsia i Amèrica Llatina,…segons Chomsky

I en aquest cas, un article que uneix la temàtica s’Amèrica Llatina i Àsia,…

Latin America and Asia are Breaking Free of Washington’s Grip
The US-dominated world order is being challenged by a new spirit of independence in the global south

By Noam Chomsky

The prospect that Europe and Asia might move towards greater independence has troubled US planners since the second world war. The concerns have only risen as the “tripolar order” – Europe, North America and Asia – has continued to evolve. Every day Latin America, too, is becoming more independent. Now Asia and the Americas are strengthening their ties while the reigning superpower, the odd man out, consumes itself in misadventures in the Middle East.Regional integration in Asia and Latin America is a crucial and increasingly important issue that, from Washington’s perspective, betokens a defiant world gone out of control. Energy, of course, remains a defining factor – the object of contention – everywhere. China, unlike Europe, refuses to be intimidated by Washington, a primary reason for the fear of China by US planners, which presents a dilemma: steps toward confrontation are inhibited by US corporate reliance on China as an export platform and growing market, as well as by China’s financial reserves – reported to be approaching Japan’s in scale.In January, Saudi Arabia’s King Abdullah visited Beijing, which is expected to lead to a Sino-Saudi memorandum of understanding calling for “increased cooperation and investment between the two countries in oil, natural gas and investment”, the Wall Street Journal reports. Already much of Iran’s oil goes to China, and China is providing Iran with weapons that both states presumably regard as deterrent to US designs. India also has options. India may choose to be a US client, or it may prefer to join the more independent Asian bloc that is taking shape, with ever more ties to Middle East oil producers. Siddharth Varadarjan, the deputy editor of the Hindu, observes that “if the 21st century is to be an ‘Asian century,’ Asia’s passivity in the energy sector has to end”.The key is India-China cooperation. In January, an agreement signed in Beijing “cleared the way for India and China to collaborate not only in technology but also in hydrocarbon exploration and production, a partnership that could eventually alter fundamental equations in the world’s oil and natural gas sector”, Varadarjan points out. An additional step, already being contemplated, is an Asian oil market trading in euros. The impact on the international financial system and the balance of global power could be significant. It should be no surprise that President Bush paid a recent visit to try to keep India in the fold, offering nuclear cooperation and other inducements as a lure.Meanwhile, in Latin America left-centre governments prevail from Venezuela to Argentina. The indigenous populations have become much more active and influential, particularly in Bolivia and Ecuador, where they either want oil and gas to be domestically controlled or, in some cases, oppose production altogether. Many indigenous people apparently do not see any reason why their lives, societies and cultures should be disrupted or destroyed so that New Yorkers can sit in their SUVs in traffic gridlock.Venezuela, the leading oil exporter in the hemisphere, has forged probably the closest relations with China of any Latin American country, and is planning to sell increasing amounts of oil to China as part of its effort to reduce dependence on the openly hostile US government. Venezuela has joined Mercosur, the South American customs union – a move described by Nestor Kirchner, the Argentinian president, as “a milestone” in the development of this trading bloc, and welcomed as a “new chapter in our integration” by Luiz Inacio Lula da Silva, the Brazilian president. Venezuela, apart from supplying Argentina with fuel oil, bought almost a third of Argentinian debt issued in 2005, one element of a region-wide effort to free the countries from the controls of the IMF after two decades of disastrous conformity to the rules imposed by the US-dominated international financial institutions. Steps toward Southern Cone integration advanced further in December with the election in Bolivia of Evo Morales, the country’s first indigenous president. Morales moved quickly to reach a series of energy accords with Venezuela.
The Financial Times reported that these “are expected to underpin forthcoming radical reforms to Bolivia’s economy and energy sector” with its huge gas reserves, second only to Venezuela’s in South America. Cuba-Venezuela relations are becoming ever closer, each relying on its comparative advantage. Venezuela is providing low-cost oil, while in return Cuba organises literacy and health programmes, sending thousands of highly skilled professionals, teachers and doctors, who work in the poorest and most neglected areas, as they do elsewhere in the third world.Cuban medical assistance is also being welcomed elsewhere. One of the most horrendous tragedies of recent years was the earthquake in Pakistan last October. Besides the huge death toll, unknown numbers of survivors have to face brutal winter weather with little shelter, food or medical assistance. “Cuba has provided the largest contingent of doctors and paramedics to Pakistan,” paying all the costs (perhaps with Venezuelan funding), writes John Cherian in India’s Frontline magazine, citing Dawn, a leading Pakistan daily. President Pervez Musharraf of Pakistan expressed his “deep gratitude” to Fidel Castro for the “spirit and compassion” of the Cuban medical teams – reported to comprise more than 1,000 trained personnel, 44% of them women, who remained to work in remote mountain villages, “living in tents in freezing weather and in an alien culture”, after western aid teams had been withdrawn.Growing popular movements, primarily in the south but with increasing participation in the rich industrial countries, are serving as the bases for many of these developments towards more independence and concern for the needs of the great majority of the population.
Noam Chomsky, the author, most recently, of Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World, is a professor of linguistics at the Massachusetts Institute of Technology. For a guide to Noam Chomsky’s writings see www.chomsky.info
This article appeared in Khaleej Times on March 10, 2006 and in slightly revised form in The Guardian, March 15, 2006. It appears at Japan Focus on March 15, 2006.
ISSN: 1557-4660

Japó i l’Àsia Central

Aquí teniu una primera aportació meva sobre la nova diplomàcia de la seda (poc original oi) del Japó en relació a una zona de gran interès per al país com és Àsia Central.

Per veure els gràfics mireu directament el link:

Sinó podeu trobar el cos del text a continació. Apassionant tema,…

Japan’s Drive in Central Asia
By Hisane MASAKIEnergy-poor Japan is revving up its diplomatic drive to strengthen relations with the oil and gas rich countries of Central Asia in response to stubbornly high oil prices. This comes at a time when the US, Russia and China are all flexing their political muscles in Central Asia, competing in an attempt to secure the region’s precious energy resources.Japan’s driveJapan is preparing to invite foreign ministers from five Central Asian countries — Kazakhstan, Uzbekistan, Tajikistan, Kyrgyzstan and Turkmenistan — to Tokyo as early as late May for the second ministerial level round of the “Central Asia Plus Japan” dialogue, which was inaugurated in 2004. Although the ministerial get together was originally planned for August last year, it was postponed because Japan’s Lower House was dissolved at that time prior to general elections in September. Now, with a government firmly in place, the stage is set for energy talks.Japan and the five Central Asian countries are expected to tackle a number of issues during the forthcoming meetings. Topics are to include anti-terrorism measures, Tokyo’s support for the early entry of nations such as Uzbekistan and Tajikistan into the World Trade Organisation (WTO) and any other assistance the East Asian country can provide for economic development and stability in the resource-rich but volatile region.
The Central Asia Plus Japan dialogue was launched at Tokyo’s request in August 2004, when the then Japanese foreign minister, Kawaguchi Yoriko, visited four of the five Central Asian countries — Uzbekistan, Kazakhstan, Tajikistan and Kyrgyzstan. Kawaguchi and her counterparts from the Central Asian countries held the first ministerial level meetings in Astana, Kazakhstan. The Japanese minister touted the launch of the dialogue as evidence that relations between Japan and Central Asia had “entered a new era.” Since then, Japan and the Central Asian countries have met in Sofia, Bulgaria; Tashkent, Uzbekistan and again in Astana.The second round of the six-way negotiations follows a growing number of meetings between high level officials of Japan and the Central Asian states in recent years. Most recently, Azerbaijani President Ilham Aliyev visited Tokyo in early March at the invitation of the Japanese government and held talks with Prime Minister Koizumi Junichiro and other government and business leaders.In his talks with Koizumi, Aliyev spoke about his country’s economic development plans and mentioned that Baku was interested in closer economic co-operation with Tokyo. Separately, Aliyev met with Foreign Minister Aso Taro. They agreed to foster co-operation in the development of oil and natural gas exploration in Azerbaijan. Aso told Aliyev that Japan held Azerbaijan in high regard as a supplier of oil and natural gas, while the Azerbaijani president expressed his hope that Japanese companies would participate in infrastructure improvements and co-operation in the Central Asian country.The Central Asia Plus Japan programme follows on from earlier efforts, started in 1997, by former Japanese premier Hashimoto Ryutaro. The expansion of Japanese activities in Central Asia is being touted as “Silk Road” diplomacy.

In July 2002, Japan sent a high-power mission of government and industry officials — the Silk Road Energy Mission — to Kazakhstan, Uzbekistan, Azerbaijan and Turkmenistan to explore possible areas of co-operation. Japan is also a core provider of official development assistance (ODA) to Central Asian and Caucasian nations.The Japanese dialogue is widely seen as reflecting a desire to play a greater geopolitical role, not only in Central Asia but also in Eurasia, while countering the growing influence of Russia and China in the region.Japan’s rivals for influenceIn a development that raised eyebrows in the US, Japan’s most important ally, China issued a joint statement with Russia and four Central Asian countries at a summit of the Shanghai Co-operation Organisation (SCO) last July calling for an early withdrawal of US forces from Central Asia.This fits into Moscow’s efforts to reduce — or at least compete with — US unilateralism. In particular, Russia is determined to maintain its hold over the former Soviet Union states, as can be seen through its support of Belarussian President Alexander Lukashenko and Uzbekistani President Islam Karimov despite Western criticism of their regimes. Meanwhile, Japan’s ties with both Russia and China are far from easy. Japan and Russia are still at loggerheads over the Kuril islands, which were seized by Soviet troops in the closing days of World War II. This territorial dispute has prevented the two countries from concluding a formal peace treaty ending hostilities.Japan’s relations with China have also plunged to their lowest point in decades over Koizumi’s repeated visits to the Yasukuni Shrine in Tokyo.Beijing has shunned top level contact with Japan in protest over Koizumi’s visits to the shrine, where 14 Class A World War II criminals, including former Japanese Prime Minister General Tojo, Hideki are commemorated along with around 2.5 million war dead.Japan has also frequently locked horns with China over natural gas reserves in the East China Sea and beyond. Furthermore, both lobbied hard for a pipeline from Russia’s eastern Siberian oilfields.The Sino-Japanese rivalry over energy resources shows signs of spreading to the Middle East. In early 2004, Japan and Iran signed a US$3 billion deal to develop Iran’s massive Azadegan oilfield. But with international tensions rising over Tehran’s nuclear programme, there are growing concerns in Tokyo about how the nuclear crisis will play out. China recently won rights to the Yadavaran oilfield in Iran. Many analysts point out that should Japan be forced to give up the Azadegan project as part of international pressure on Tehran, Beijing could step in to replace Tokyo. Japan imports nearly all of its crude oil. To ensure its energy security, Tokyo is desperate to diversify its hydrocarbon sources in order to reduce its heavy reliance on the Middle East for crude oil imports. As such, an obvious choice for the country is to turn to the Central Asian and Caucasian nations.Japanese projectsAmong other projects in the region, Japan’s Itochu Oil Exploration and Inpex have a 3.92% interest and 10% interest, respectively, in a production-sharing agreement (PSA) for three fields in the South Caspian Sea. The Azeri-Chirag-Guneshli (ACG) fields are located approximately 120 km southeast of Baku in Azerbaijan. The Japanese government-backed Inpex also has an 8.33% interest in the Kashagan oilfield in Kazakhstan.
ACG Oil Project in AzerbaijanJapan’s Itochu Oil Exploration and Inpex also participated in the consortium that built the Baku- Tbilisi-Ceyhan (BTC) pipeline, with interests of 3.4% and 2.5%, respectively. The Japanese government-affiliated Japan Bank for International Co-operation (JBIC) also signed a loan agreement of up to US$580 million for the link in early 2004. The BTC connects Azerbaijan’s vast Caspian Sea oilfields to the Turkish Mediterranean port of Ceyhan via Tbilisi, Georgia. It has further been suggested that oil from Kazakhstan could also be transported through the pipe.
BTC PipelineThe US strongly supported the project, seeing it as a way to loosen Russia’s energy grip on the South Caucasus.
China competes China became a net importer of crude oil in 1993 and overtook Japan as the world’s second-largest oil consumer — with the US secure in the top spot — in 2003.China now depends on imports for more than 40% of its oil. Beijing’s aggressiveness in the global oil market drew particularly widespread attention last summer when China National Offshore Oil Corp. (CNOOC) launched a takeover bid for US oil and gas firm Unocal. CNOOC eventually dropped out of the race after strong opposition from US politicians, leaving Chevron to take the prize.In Central Asia, China National Petroleum Corp.’s (CNPC) took over the Canada-based oil firm PetroKazakhstan, which operates solely in Kazakhstan, for US$4.2 billion last year.China and Kazakhstan also inaugurated a 1,000 km long oil pipeline in December to send oil to western China, the first major export pipeline from the landlocked Central Asian republic that does not cross Russia. Eventually another pipeline will link up with this one from the Caspian region in western Kazakhstan, where the huge new Kashagan oilfield is being developed.The second ministerial round of the Central Asia Plus Japan group in Tokyo also comes at a time when the Japanese government is compiling a new national energy strategy, which is intended to secure energy supplies. The new strategy should be in place by summer. In addition, the meeting coincides with Tokyo’s efforts to overhaul its ODA policy in an attempt to make financial assistance a more effective foreign policy tool in the pursuit of its strategic interests. Japan will, however, have a difficult time securing the necessary energy resources from Central Asia. The country lacks the sheer military force that the US, Russia and China can all bring to influence events in the region. However, the cash reserves that Tokyo can offer provide the country with substantial sway and Japan’s policy of pushing dialogue is likely to afford it the means of tapping oil and gas reserves.
This is a slightly abbreviated version of an article that appeared in the March 29, 2006 issue of NewsBase. Posted at Japan Focus on April 11, 2006. Hisane Masaki is a Tokyo-based journalist, commentator and scholar on international politics and economy. Masaki’s e-mail address is yiu45535@nifty.com.
ISSN: 1557-4660