Australia-Argentina

Para vuestra información, de todas formas no sé como se hace lo de pincha aquí y que sea el link….así va….
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/04/23/z-03616.htm
ENTREVISTA A PABLO GERCHUNOFF, ECONOMISTA
“Australia sigue siendo un buen ejemplo para la Argentina”
La comparación entre ambos países fue un clásico para entender por qué el nuestro cayó y aquél ascendió en la cuesta del desarrollo. Hoy, los destinos podrían volver a ser convergentes.
Fabián Bosoer.
fbosoer@clarin.com
La comparación con Australia fue muchas veces planteada para rastrear las causas de nuestra decadencia. ¿Qué vigencia tiene hoy?—La comparación era pertinente hace cien años porque la Argentina era un país parecido a Australia. Un país del hemisferio sur, con clima templado, algunos la imaginaban como un gran alfalfar en el que se iba a desarrollar la ganadería más competitiva del mundo; un país de espacios vacíos, con poca mano de obra, y por lo tanto, que estaba destinado a tener salarios reales altos. Era, entonces, bastante lógico que se encontrara en aquel otro país del mismo hemisferio pero en las antípodas un espejo en el que podíamos vernos. Y la dinámica económica daba una respuesta positiva, porque la Argentina alentaba el optimismo sobre lo que se llamaba “la Australia del Atlántico”, venía expandiéndose y progresando, incorporando flujos migratorios. Algunos, incluso, tuvieron buenas razones para pensarla como “los Estados Unidos del Sur”.
¿Por qué no tuvimos la fortuna que tuvo Australia?—A partir de 1930, algo empieza a crujir; lo sabemos, en el mundo y en la Argentina. Y también en esa dinámica virtuosa que hacía fácil la comparación. Australia tuvo, desde 1930 en adelante, una suerte geográfica y política que la Argentina no tuvo. Ya desde la Primera Guerra Mundial, pero más aún en el período de entreguerras, fue auxiliado por una potencia, decadente pero todavía una potencia, Inglaterra. Y cuando la Segunda Guerra, curiosamente, se acercaba al comercio también con un país muy dinámico, que luego iba a jugar un rol muy importante: Japón. Desde la guerra en adelante, Australia se convierte en un favorito de los Estados Unidos, que nunca iba a permitir allí una crisis financiera de envergadura.
¿Y nuestro país recorre en esas etapas un camino opuesto? —Nuestra historia de la posguerra, sobre todo desde 1975 en adelante, es una de sucesiones de crisis financieras. De tal manera que la geografía política de la segunda posguerra encuentra a Australia en la región más dinámica del capitalismo mundial —primero por Japón, después por el Sudeste Asiático, y finalmente por China y la India—, brindándoles materias primas.
¿Qué pasa en la Argentina, mientras tanto? —No ocupa un lugar relevante en la geografía política, no tiene vecinos que sean lo más dinámico del capitalismo mundial y no tiene grandes descubrimientos de nuevas materias primas.
¿Pero qué incidencia tuvieron las políticas y orientaciones tomadas en uno y otro caso?—Un rasgo destacado es que Australia resuelve su conflicto distributivo muy temprano. Aun antes de nacer como Estado federado, en 1901, ya tiene un Partido Laborista fuerte, que no es solamente una maquinaria sindical de raíz minera sino también, probablemente, la primera maquinaria política de raíz socialdemócrata en el mundo de cultura occidental, sólo que enclavada en el Asia-Pacífico. Esto le permite incorporar la cuestión social muy temprano, en un contexto de régimen parlamentario y con partidos constituidos. El igualitarismo fue, en Australia, un consenso nacional.
¿Y esto ocurre más tardíamente en el caso argentino?—Desde el nacimiento de Australia, proteccionismo e igualitarismo están muy presentes. En Argentina, es un fenómeno que llega abruptamente, recién con el primer peronismo, que genera las instituciones que la miopía de las clases dirigentes no supieron generar antes. Argentina hace, en tres años lo mismo que Australia hizo en cincuenta o setenta años. Incorpora muy aluvionalmente las instituciones de la distribución y la distribución misma; las incorpora sin que necesariamente formen parte de una rutina político-institucional. Eso va a generar un conflicto, porque la reacción y el conflicto distributivo argentino, desde 1945 en adelante, es permanente.
¿En dónde se encontraría la raíz del problema distributivo? —Durante muchas décadas; pongamos entre 1920 y 1970, la Argentina es un país que exporta el alimento de sus clases populares y da empleo a sus clases populares en actividades que no exporta, que son básicamente las que se generan con la sustitución de importaciones. Allí hay un conflicto distributivo que pone en tela de juicio el crecimiento. Chile exporta cobre, y el cobre no se come; Venezuela o México exportan petróleo, y el petróleo no se come; el viejo Brasil exportaba café, y el café no formaba parte de la dieta de consumo popular; y aun Australia, al tener la minería como exportación, atemperaba ese conflicto. En la Argentina, abrir la economía al comercio mundial, y por lo tanto, aumentar el precio de lo que exporta, significaba restarles el pan de la mesa o la carne de la mesa a las clases populares. Ese es un conflicto que la Argentina ha empezado a resolver ahora.
¿De qué manera lo empezó a resolver?—Por un lado, la siderurgia, la petroquímica, el aluminio hoy son industrias que exportan. Además, la soja que exportamos es un alimento para los cerdos y pollos que van a comer los trabajadores chinos, pero no es un alimento para los trabajadores argentinos. Esto significa que la superposición de las canastas de consumo popular y de exportaciones, de la cual la Argentina es el ejemplo más nítido del mundo, empieza a atemperarse. Es un conflicto entre crecimiento y distribución, pero no como lo frasean los liberales. Si miramos cuánto hay de exportaciones en la canasta de consumo popular y cuánto bien de consumo en la de exportaciones, es cada vez menos. Por otro lado, está la tragedia social, desde el 75 en adelante, que también atempera el conflicto distributivo, pero por una derrota popular. Este es un país que ya pagó muchos costos. Tenemos un tipo de cambio real alto; eso significa haber bajado los salarios reales en algún momento. Tenemos la economía abierta y un mercado mundial, con una demanda proveniente de Asia que ya no beneficia sólo a Australia, también a la Argentina.
¿En qué puede ser útil hoy la pregunta por Australia, como conclusión, para que esas condiciones favorables prosperen?—Australia sigue siendo un buen ejemplo para la Argentina, en este caso para preguntarnos si no vuelve a existir un proceso de convergencia con los países desarrollados. Si no será que la Argentina de hoy ha superado el límite que le impuso durante tantas décadas el sector externo y la anemia exportadora. Si no será que en medio de esa crisis que nació en 1975 y que duró tres décadas, empezó a generar una inserción en el mercado mundial que ahora se hace nítida y que le permite que esas exportaciones crezcan y que el país recupere un lugar en el mundo perdido en 1930. Y si no será —y voy al otro costado del asunto— que el conflicto distributivo ya no es el que era, que “la larga agonía de la Argentina peronista” ha llegado a su fin. Si esto fuera así, entonces, las dos patas del conflicto hay que mirarlas de otro modo.
¿Mirarlas de qué modo?—La Argentina es un país en el que las exportaciones crecen y por lo tanto los dólares no escasean y en donde el conflicto distributivo ya no puede ser visto con los ojos con que miramos siempre la resistencia popular a la caída de los ingresos. La hipótesis sobre el cambio de rumbo es ésa: mientras seguimos lamiéndonos las heridas de estos años, y en muchos casos con justicia, se han operado transformaciones de fondo en nuestra economía. Y si el activo principal que tuvo la Argentina a lo largo de su historia, que es la tierra, se revaloriza por efectos inesperados que vienen del mundo, entonces, los modelos de marchas y contramarchas quizás ya no tengan vigencia.
¿De qué depende que estas buenas condiciones prosperen? —En la Argentina, quizás por los últimos treinta años que vivimos, el escepticismo se ha convertido en la haraganería de los intelectuales. Cabe poner, creo yo, una ficha en el optimismo, a condición de que ese progreso material sea un progreso inclusivo. Si no, la comparación carece de sentido. En la Argentina, el 15% de la población vive con dos dólares o menos diarios; en Australia no hay una sola persona que pueda vivir con dos dólares al día. Aun creciendo, un país que excluye al 30% de su población no puede aspirar a nada sólido.Copyright Clarín, 2006.

Advertisements

One response to “Australia-Argentina

  1. Dear friends, Now you can help yourself take advantage of the huge frenzy of FREE advertising in your spare time, while in the comfort of your own home. Hook up NOW with this exiting program. Click here: FREE INFORMATION

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s