Burma y el declive de la influencia occidental

One of the outcomes of multipolar globalization – in which China, India, Singapore, Thailand, Brazil and Russia have become important players – is reduced leverage for the West. The business interests that benefit from Burma are no longer in London, Paris or New York and more likely to be in Kolkata, Beijing or Singapore – beyond the reach of the activists.

Segun Salil Tripathi en Trade and Security Trump Democracy in Burma – Part II, en YaleGlobal, 4 October 2007 la multipolaridad economica no permite a los gobiernos occidentales poder presionar a Sudan o ahora a Burma desde un punto de vista económico. Pero hay más, también los activistas occidentales tienen que cambiar sus estrategias; pues pueden presionar a las empresas occidentales pero no las de China, India o Singapur, perdiendo también ellos capacidad de influencia. Sin embargo, en las actuales campañas para Burma hemos visto que ni los gobiernos occidentales ni los activistas han cambiado de estrategias más allá de criticar a Beijing por su apoyo.

Esta crítica a Beijing nos lleva a otra cuestión. ¿Como pueden los activistas occidentales presionar a Beijing? ¿Pueden los gobiernos occidentales realizar sanciones económicas contra China? Esto parece del todo inviable, como también parece que lo es el boicot de productos chinos por parte de los activistas. China ya es demasiado grande, demasiado imprescindible para la economía mundial, el gran dorado actual del que nadie quiere quedar excluido. Por otra parte, sería difícil un boicot de consumidores a productos chinos por ser estos muy competitivos y en algunos casos casi monopolísticos (no hay coche que no tenga piezas producidas en China, la mayoría de ropa y zapatos lo son, etc.) además, pese a ser producidos en China, muchos de estos productos son comercializados por marcas occidentales por lo que no queda claro hacia quien va el boicot.
Así, no es que occidente no pueda presionar a la Junta Militar de Burma a través de sanciones económicas sino que tampoco puede presionar a China, siendo esto último el factor determinante. Esto también ocurria con la URSS, pero en aquel entonces la presión no podia ejercerse porque los contactos comerciales y políticos eran escasos, ahora por ser estos demasiado importantes e intensos. Puede ser que los liberales tengan razón cuando analizan que la interdependencia económica eleva los costes de un conflicto armado entre las partes, sin embargo, esto también significa que sus capacidades de ingerencia mutua quedan mermadas.

Así, la globalización multipolar ha provocado que la eficacia de las sanciones y boicots económicos/comerciales haya perdido efecto (sin que nunca haya sido determinante), sin embargo continua siendo lo único que occidente sabe hacer, especialmente para la promoción de los derechos humanos.

Por nos quedaba el boicot político, eso es, en el CSNU. Pero allí China tiene derecho a veto y junto a Rusia ha convertido en este mecanismo en obsoleto (almenos para el caso de Myanmar). Finalmente tenemos el propuesto boicot a los juegos olímpicos, como forma de presión indirecta, sin embargo estos también son un gran negocio y cualquier propuesta seria de boicotearlos será muy difícil que prospere.

Por otra parte, occidente también ha perdido soft power, no solo porque China ha aumentado el suyo sino también por Iraq, Guantanamo, etc. Así, para Burma el modelo a seguir es China, no occidente.

¿Y que nos queda? El poder militar. Sin embargo, la UE ya sabemos lo reacia que es a utilizar estos medios y EEUU esta empantanado en Iraq. Así, tampoco parece nada factible utilizar presiones militares para influenciar a estados como Myanmar.

Así nos quedamos sin herramientas para influir en casos como el de Burma, tanto los gobiernos como la sociedad civil occidental. ¿Y que podemos hacer? Quizás deberíamos intentar la posibilidad de empezar a construir lobbys en los gobiernos de los nuevos países poderosos (al estilo de Taiwan, o Israel en EEUU), sin embargo, con regimenes políticos poco abiertos esto va a resultar especialmente complicado.

Por todo esto quizás deberemos acostumbrarnos a tener menos capacidad de influencia, y al mismo tiempo, asumir menos responsabilidad a nivel internacional, y esto es asumir la creciente multipolaridad del poder mundial. A menudo occidente (y especialmente la sociedad civil occidental) se ha considerado responsable de lo que ocurriera en todo el mundo, luchando a través de presiones a empresas y a partidos políticos (ONGs, etc.) por acabar con la pobreza, la injusticia, etc… y auto-culpandose de sus fracasos. En el mundo actual esto tiene que cambiar, la multipolaridad no afecta solamente a los gobiernos occidentales sino también a sus sociedades civiles que ya no pueden influenciar a través de presionar sobre ellos. En este sentido es curioso que, quizás ahora que las capacidades de actuar se ven mermadas, la sociedad civil occidental y sus gobiernos estarán más de acuerdo que nunca (como hemos visto en Burma, Sudan, etc.). Occidente ya no es responsable de lo que ocurre en Burma y al mismo tiempo tampoco puede hacer nada sobre ello. ¿Deberemos acostumbrarnos a ser meros espectadores?

Pero deberíamos realizar otra pregunta. ¿Que puede realmente hacer China en Burma? Pese a la insistencia de muchos medios de comunicación debemos destacar que Tailándia es el principal socio comercial de Burma, no China, sin embargo en cuanto a inversiones la cosa cambia. Pero pensar que China tiene el monopolio de las relacioens comerciales de Burma también es un error, pues los recursos del país son fuente de competición por China, India, Tailándia entre otros. Si China actua, la junta militar puede tomar represalias acabando con proyectos de inversion de millones de dólares que ya se han realizado y que además son importantes estratégicamente para China. Eso es, China es cautiva de sus inversiones en el país también, limitando así su capacidad de influencia.

Sin embargo es cierto que China podría realizar sanciones económicas (pese a su elevado coste) y algunos analistas como Steve Tsang dicen que China debería presionar a la junta para que evitase un baño de sangre a través de en este sentido, promoviendo una transición ordenada hacia la democracia y prestando asilo a los lideres de la junta si fuera necesario. Esta visión me parece limitada. Comparto la idea de que a China no le interesa un baño de sangre en Burma, pero no creo que le interese una transición a la democracia sino más bien el reestablecimiento del orden (del actual status quo) con el mínimo número de muertos, esto es, represión violenta pero sin baño de sangre. ¿Puede un país con grandes déficits democráticos internos liderar una reforma democrática en un estado vecino? ¿Es de su interés? Creo que no. Los intereses de China en la región no son los de occidente. Se puede criticar a China por no hacer más para los intereses occidentales, pero no por los suyos, pues parece que la crisis va a terminar de la mejor forma para China.

Debemos tener en cuenta también el contexto doméstico en China y Tailándia, marcado el primero por el imminente XVII Congreso y el segundo por la debilidad del gobierno poco legítimo, no dispuestos a tomar grandes decisiones actualmente.

Por otra parte, ¿como verían los otros países de la ASEAN la ingerencia de China en Myanmar? ¿Porque nadie actuó en el caso de golpe de estado en Tailándia? ¿Seria realmente una buena estrategia regional y promocionaria realmente la idea del “peaceful rise” como argumenta Tsang o más bien seria contraproducente para las relaciones entre China y el ASEAN a medio plazo?

Es cierto que el principio chino de “no ingerencia” es a menudo una excusa, pero quizás podríamos distinguirlo de la influencia. En un mundo globalizado la influencia mútua de los estados es creciente (si bien lejos de ser igual) y en el caso de Burma podemos decir que China ha tenido y tiene influencia a través de la venta de armas, diaspora, inversiones, etc… que ayudan a mantener el gobierno. Sin embargo, esta influencia económico/social se podría distinguir de la ingerencia en el plano político, donde China no quiere entrar (excepto en el caso de Taiwán). La diferencia entre influencia e ingerencia en este sentido sería que la primera es fruto de las fuerzas de mercado (más o menos dirigidas por los gobiernos) mientras que la otra incluiria factores ideológicos, políticos, valores, etc. Para occidente, tan acostumbrada a la utilización de la economia como herramienta de influencia internacional la separación quizás no sea facil, con una tradición de vincular capitalismo y democratización provinente de la Guerra Fría, la creencia de tener valores superiores y/o universales, etc… pero parece que China, con una clara contradicción doméstica entre economía e ideología, aboga por la idea muy capitalista de separar entre las agendas economica y política, lo que le lleva en el plano internacional a también realizar esta separación: esto es, comerciar con cualquiera independientemente de como sea, pero no en intervenir políticamente sobre los otros actores.

Por todo esto creo que estamos ante un nuevo panorama internacional en el que la anarquia del sistema va a tender a crecer y la ingerencia o intervención en conflictos va a disminuir (también por el fracaso de la mayoría de estas intervenciones) con la creciente multipolaridad. Así, los conflictos internacionales podrian tomar dimensiones más locales, perdiendo peso los actores extra-regionales e incluso algunos de los regionales; donde habrá más espectadores y menos participantes.

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